Mientras él tocaba el violonchelo las motas de polvo de aquella habitación en penumbra danzaban bajo el haz luminoso de la claraboya.
La luz cortaba la oscuridad como sable reluciente buscando la sangre de lo desconocido.
Lo que la luz revelaba y queda al descubierto, acurrucado como animal indefenso.
Eso eran los secretos y él descubría con cada nota que arrancaba del instrumento.
Se inclinaba sobre sus cuerdas en determinados momentos, en las partes más difíciles,
y luego se erguía de nuevo como si resurgiera de sus cenizas, como si subiese una cuesta.
Sentía las vibraciones de las cuerdas y la madera propagarse y llenar el espacio,
flotar por ella haciendo equilibrios.... volando.
Los ojos siempre cerrados, como cuando escuchaba el rumor de el viento,
como cuando todo lo que sentía se concentraba en su corazón y latía en un mismo compás.
En esos instantes se olvidaba de todo, hasta de su nombre, y al mismo tiempo se convertía en parte de ese todo inexplorado.


Cuando se pone alma, vida y corazón en lo que se quiere, en lo que realmente se siente, todo fluye y desemboca en otra realidad. :*
ResponderEliminarGracias amigo! Intento expresar mi alma d la mejor forma posible. Gracias por leerme ;)
EliminarDe nada, siempre es un placer leerte, y sí, si lo expresas de la mejor forma :*
Eliminarprecioso... verdaderamente precioso...
ResponderEliminarGracias! Como siempre, me alegra leer tus palabras ;)
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